CLAVES PARA ENTENDER LA JUGADA DE LA RESERVA FEDERAL

La noticia, aunque esperada por algunos, pegó en los mercados globales de los últimos días. Nos referimos a que el Banco Central estadounidense (FED) aminoró sus impulsos para aumentar las tasas de interés domésticas durante el corriente año.

Con eso, por un tiempo más se mantendrá entre 0,25 y 0,50 por ciento el costo que ese organismo cobra a la banca privada por prestarle fondos de corto plazo y que de alguna manera senala cuál el piso del costo financiero en el país del Norte.

La FED fundamentó su decisión en que, si elevaba los tipos de interés con la potencia que varios de sus directores deseaban, pondría en riesgo la recuperación de la economía nacional por el ruido que, dicen, viene desde afuera.

Es decir, la moderación se debió a la debilidad de la evolución económica y financiera mundial materializada, a principios de este ano, en el desplome de los precios de los commodities y las acciones junto a una mayor debilidad en el crecimiento chino.

Internas

Sin embargo, también existen razones internas de EE.UU., aunque les cueste reconocerlo oficialmente, ya que el crecimiento es lento mientras que los salarios son más bajos que antes de la crisis y la distribución de la riqueza profundiza su desigualdad. Y tan importante resultan esos tres puntos que fortalecieron últimamente en el país del Norte y también en Europa a movimientos políticos que cuestionan, desde la izquierda y la derecha, el sistema económico global vigente.

Y quizás por todo esto es que Mohamed A El- Erian, asesor económico del presidente Obama, sostuvo hace algunas semanas que “hoy en día, ya no es inusual sugerir que Occidente podría persistir en un equilibrio de crecimiento de bajo nivel por un período inusualmente prolongado”.

En ese sentido, veamos un ejemplo que citó un medio financiero días pasados al relacionar la baja en el precio de los commodities con la producción industrial y el comercio internacional.

Supongamos que se necesitan una tonelada de acero y diez barriles de petróleo para producir un coche. En los años 2002-2003 la sumatoria de costos de dichos insumos ascendía a unos u$s800, o aproximadamente el 5% del valor de un coche de 16.000 dólares. Por lo tanto, durante la década del 2000, los países industriales tenían que exportar cinco coches para recuperar el valor de dichos componentes.

Pero en 2013, el valor de las materias primas necesarias para fabricar un automóvil aumentó a cerca de u$s2.000, aproximadamente el 10% del costo del mismo coche, cuyos precios habían crecido en mucha menor cuantía. En rigor, los países industriales tenían que exportar el doble; es decir, diez coches por la misma cantidad de las importaciones de materias primas.

Así, si el poder de compra se mantiene, el alto valor de las materias primas es un elemento dinamizante que impulsa a mayores ventas y crecimiento.

Hoy dichos costos bajaron, pero, fundamentalmente, en buena parte del mundo también lo hizo la demanda. Y este ejemplo, trasladado a otros productos, probablemente ayude a entender la fuerte disminución de mercaderías transadas en el comercio internacional.

El golpe de las materias primas

Otra perlita en el mismo sentido. El diario inglés The Guardian informó que Peabody Energy, la mayor companía privada de minería de carbón del mundo, se tambalea al borde de la quiebra entre otras razones por la caída de precios de la energía en todo el mundo, la competencia y la incertidumbre económica generalizada.

Y en todo este entorno la cuestión china también aporta lo suyo. Dicho país genera el 35% del PBI mundial y es la potencia comercial más importante del mundo. Sin embargo, entró en un proceso de transformación de su matriz económica que probablemente le lleve varios anos concretar. Y mientras tanto, mermarán no sólo sus importaciones sino sus ventas al exterior, lo cual deprime la generación de riqueza en el mundo y causa efectos negativos en las economías de todos sus proveedores de insumos.

Y, como para resumir una conclusión que ligue los comentarios y ejemplos descritos, bien podríamos utilizar un comentario de Martin Feldstein -conocido economista conservador de Harvard- en el diario de inversiones Wall Street Journal días pasados. Según su opinión, la política monetaria de la FED de los últimos tiempos hizo subir los precios de acciones para aumentar la riqueza y estimular la recuperación económica.

Sin embargo, los altos precios de las acciones inflados artificialmente, gracias a dicha política monetaria finalmente, tienen que bajar. Porque, incluso después de la caída de las Bolsas cercana al 9% a principios de ano, la relación precio-ganancia de las acciones del índice S&P 500 siguen ubicándolas un 35% por encima de su media histórica. En otras palabras, están caras.

Y ello sin ninguna razón genuina que respalde semejante despegue.

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