EL PRECIO DEL PETRÓLEO, CLAVE PARA EL CRECIMIENTO GLOBAL

por Gabriel Holand

La devaluación del peso produce aumentos, sobre todo en los precios de los productos de exportaciones, algo que, con diferente intensidad, todos los habitantes de los países de Latinoamérica hemos vivido.

Y uno de los insumos en los cuales impacta en forma directa esta situación es en el costo de las naftas, y ello más allá de toda discusión acerca de si esta cara o barata, etc. Por eso a estas horas el gobierno negocia con las petroleras con la intención de atemperar el aumento de los combustibles que, sin lugar a dudas, se traslada hacia la economía en su conjunto.

Por eso también se vuelve interesante entender cuál puede ser el futuro del valor del crudo en el mundo y cómo afectará a países productores como el nuestro.

Vale recordar que durante décadas el mundo se acostumbró a que toda baja en los precios del barril llevó a que la economía creciera. Ya que desde siempre petróleo barato fue sinónimo de menores costos industriales, y más dinero por parte de los consumidores para dedicar a la compra de otros productos.

Sin embargo una de las sorpresas del año 2015 fue que la baja del 50% en la cotización de dicho insumo básico apenas si ayudó en medio punto al crecimiento de la economía global.

La buena noticia es que probablemente ese impacto positivo, aunque modesto, se mantendrá el año que viene. Pero la mala nueva es que ello empeorará la situación de las naciones exportadoras del commodities. Y eso a pesar de que el ciclo de descensos de precio parece haber tocado fondo ya que el recorte de inversiones de las empresas petroleras achicará la sobreoferta que hoy existe en el mercado.

La revolución energética

Un gran aliado en la pérdida de precio del petróleo es la llamada “revolución del shale” que, entre otros cambios en el mapa geopolítico global, permitió que EE.UU. pasara de ser el mayor importador mundial a producir hoy el doble que hace 8 años y camine hacia su autoabastecimiento energético anunciado para el año 2018. Todo eso a pesar de la menor rentabilidad de las explotaciones que, es cierto, costó la desaparición de decenas de pequeñas empresas ligadas a la industria.

Por cierto que la mejora en la economía del país el norte tiene bastante que ver con los anterior ya que cada dólar que el ciudadano ahorra en nafta lo consume en otros productos de la economía.

Pero la otra cara de la moneda es que el descenso de valores y la menor demanda trajo consigo un problema: la reducción de los planes de expansión de todas las empresas petroleras en el mundo.

De allí se desprende una fuerte amenaza o riesgo para los productores, sobre todo para países como Venezuela, Colombia, Rusia o México que además de depender fuertemente de la industria petrolera tienen monedas debilitadas frente al avance del dólar estadounidense.

En resumen, desde el lado de los consumidores, los menores valores del crudo ayudarán poco al crecimiento global durante el año entrante -ya que los bolsillos del consumidor global seguirán flacos- pero al menos nadie espera un aumento abrupto que juegue en contra.

Sin embargo para los países productores las noticias parecen poco halagüeñas para los próximos doce meses dada la mezcla formada por menor demanda y alicaído valor del barril de petróleo.

¿Y nuestro proyecto Vaca Muerta? Probablemente la pase mal a corto plazo pero mantiene su total vigencia estratégica para los argentinos.

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