CLAROSCUROS EN EL VALOR DEL ORO

por Gabriel Holand

El precio del oro, luego de meses de caída sostenida, rebota cerca de 11% en el transcurso del año 2014.

Y dicho movimiento en el valor del metal llama bastante la atención.

Sobre todo debido a que su cotización, usualmente, encuentra marco apropiado para despegar cuando los bancos centrales regalan efectivo a tasa cero y los apostadores toman créditos para volcar el dinero gratuito a especular, entre otros commodities, con oro.

Y eso actualmente está lejos de ocurrir.

Más aún. Actualmente el mayor proveedor de liquidez del mundo, la reserva Federal de EEUU, abandona la política que sostiene desde hace 5 años y, emprende el camino inverso, comienza a retirar dólares de los mercados.

Y tal vez porque dicho disparador especulativo desaparece, o al menos se atenúa severamente, muchos buscan en otras fuentes argumentos que justifiquen el incremento del metal amarillo. Por ejemplo se aduce el menor crecimiento chino, lo cual se asemeja a un cuento de ese origen, o el conflicto en Crimea, etc., etc.

Sin embargo existen algunos indicios menos glamorosos acerca del porqué de las oscilaciones de los precios del commoditie dorado que conviene tener en cuenta. Y ello según informaciones que pueden leerse tanto en el semanario inglés The Economist como así también en el medio Bloomberg.com.

En principio, y para entrar en tema, vale recordar que para los commodities (oro, cereales, carnes, etc.), existen diversos mercados globales en los cuales estos se compran y venden con la correspondiente entrega física de los bienes.

Pero existe otra forma de comercializar dichos activos y es a través de los productos financieros llamado “derivados”.

Mediante ellos se realizan transacciones en base a papeles “representativos” del bien en cuestión sin que se produzca, en la mayoría de los casos, el intercambio físico de los mismos. Es decir que en estos casos se compran y venden solo contratos o índices en vez de mercadería tangible a través de estructuras financiera llamadas “futuros”, “opciones”, etc.

Y atento la dinámica de esta operación cualquier mínima variación en el precio del bien físico puede significar un cambio más que proporcionalha dicho valor en los precios de los ya mencionados contratos “derivados”.

Obviamente entonces quien tenga la mejor información acerca de que rumbo tomarán las cotizaciones en los mercados puede hacer ganancias más que interesantes en ellos.

¿Cómo se fijan los precios del oro?

Parece que el proceso es excesivamente desregulado y muy poco transparente. Porque el valor se establece y modifica, dos veces por día, mediante conferencia telefónica entre los bancos mayoristas, supuestamente, según la oferta y demanda existentes en el mercado.

Sin embargo algunos inversores descontentos sospechan que existen manejos en los precios que benefician a pocos y perjudican a la mayoría de las personas interesadas en comprar y vender oro.

Tanto es así que un fuerte operador del mercado de la ciudad de Nueva York (según relata The Economist) inicia actualmente acciones legales contra las cinco entidades financieras que diariamente fijan el precio testigo en los mercados globales.

A su vez un documento que escriben Rosa Abrantes-Metz, de la New York University’s Stern School of Business, en conjunto con su esposo Albert Metz (quien trabaja en una calificadora de riesgo pero emite el papel a título personal) pretende echar más luz sobre el asunto.

Por lo tanto el trabajo identifica, en una traducción extraliteral del inglés, “un número desconcertante de grandes movimientos de precios a la baja en el período previo a las conferencias en las cuales las entidades financieras fijan los valores del metal”. Y, según Metz, los picos son “demasiado frecuentes y demasiado grandes” para ser una mera casualidad.

Sin embargo algunos referentes, que toman parte activa en la determinación de las cotizaciones, ven el tema en forma totalmente diferente.

Por ejemplo el máximo responsable del gigante bróker de oro Sharps Pixley, Ross Norman, señala que los organismos reguladores conocen la metodología de fijación de precios sin objetarla y que la misma resulta “abierta”, “eficiente y transparente”.

Y condena las opiniones que sugieren un “arreglo” de valores entre los operadores porque cualquier anomalía sistemática, sostiene, la captarían la decena de actores que diariamente operan en el mercado mundial de metales.

En fin, como es posible ver a través de esta columna, una vez más las opiniones y los intereses se pintan según el cristal con que se miren.

Pero, algo parece seguro, a la gran cantidad de personas que confían al oro sus ahorros tal vez les convenga tomar en cuenta la información que reflejan Bloomberg y The Economist.

Porque vale recordar sobre todo que la inversión en metal, si se hace, es mejor pensarla para el largo plazo en el cual los activos suelen ajustar las distorsiones de valor en sus precios.

Y de esa manera evitar, aunque sea en parte, cualquier movimiento especulativo de corto plazo que pueda afectar el bolsillo propio.

Publicado en Diario BAE

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