LAS VENTAJAS DE LOS PLANES DE EXPANSIÓN ECONÓMICA DE CHINA

por Gabriel Holand

La dicotomía ideológica se conoce hace tiempo. Y los resultados que se obtienen con el empleo de una u otra estrategia también. Por lo tanto, y como ejemplo, sería bueno ver qué pasa hoy en China.

Para algunos analistas la caída en el nivel de actividad productiva del gigante asiático es un problema latente que amenaza, sobre todo, al resto del mundo dependiente de las compras de commodities y productos realizadas por China.

Pero para la población que habita fuera de la gran muralla las cosas resultan distintas, alejada de las preocupaciones de Occidente, y de forma mucho más satisfactorias que años atrás.

No obstante, es cierto que los chinos enfrentan el menor índice de crecimiento de los últimos diez años, por lo cual las ganancias corporativas se encuentran en caída libre y el mercado accionario local sufre una sangría.

También es real que gran parte de la población, desde los oficinistas de cuello blanco hasta los trabajadores migrantes del campo a la ciudad, expresan su gran satisfacción con el actual nivel de la producción y el consumo del país.

La razón más poderosa para semejante estado de ánimo colectivo radica en que el salario promedio se incremento más de tres veces desde 2002, lo cual representó una mejora sustancial en la calidad de vida y el consumo para la mayoría de los chinos. Todo ello a pesar de que la creación de nuevas fuentes de trabajo marcha a un ritmo menor que el que su gran población necesita.

Esto no quita que existan algunas nubes en el horizonte. Básicamente, porque la nación asiática se acostumbró a crecer rápidamente durante los últimos treinta años (las famosas “tasas chinas”), sin embargo actualmente lo hace a un ritmo de 7% anual. Asimismo, lejos de los años de gloria, soporta la séptima caída trimestral en los índices de generación de riqueza.

Por lo tanto conviene recordar que el descenso de la actividad económica implica también menores oportunidades de empleo. Y la falta de trabajo suficiente suele desembocar en agudos conflictos sociales en China.

Sin embargo, a pesar de las dificultades mencionadas, la mayoría de la población en China considera, por ahora, que “las cosas marchan bien”.

El ejemplo lo pude encontrar personalmente en las calles de la capital china de la boca de un taxista privado. Como se sabe, éste es uno de los trabajadores que suelen ser propensos al mal humor, en cualquier parte del mundo, cuando en la economía algo funciona mal o en forma insuficiente.

Así que quien me llevó hasta el centro de Pekín –dándole fe a quien tradujo sus palabras– dijo que compró su coche durante 2011, algo impensado hace diez años, y que de esa forma logró duplicar sus ingresos mensuales hasta el equivalente a u$s1.270 por brindar sus servicios en el tiempo libre que le queda luego de trabajar como empleado de comercio. Por cierto que, también, con un esfuerzo de muchas horas de trabajo.

Además, como otra muestra de mayor bienestar en relación con el pasado, el turismo interno aumentó en forma exponencial entre los residentes chinos.

Puede observarse la fuerte presencia de ciudadanos nativos por los bellísimos Jardines de Yuyuan en Shanghai, o también en el aeropuerto doméstico de Pekín, sobre todo jóvenes, que pasean o pugnan por conseguir asiento en un avión que los traslade al lugar de descanso.

A su vez, esto representa un signo de los cambios que ocurren en la última década porque, anteriormente, la mayoría de quienes disfrutaban de visitar lugares históricos y bellezas naturales chinas eran sobre todo ciudadanos japoneses, coreanos u occidentales.

Otro punto históricamente ríspido para la economía del país conocido como “el Dragón” es que el haber jubilatorio dista de ser una realidad para toda la población en edad de retirarse.

Sin embargo algo cambia también en ese sentido. Por lo menos así opinó Zheng, de 56 años, dependiente de un comercio de ropa para hombres que espera jubilarse a los 60 con un promedio de 2.000 yuanes al mes (algo menos de u$s300), una suma que se asemeja a su salario actual.

Y, aunque dicho monto pueda sonar magro para algunos occidentales, representa mucho más de lo que se podía esperar en China hace apenas unos años.

De todas maneras, también es cierto, aún queda mucho por hacer para llegar a igualar el estándar de vida de la mayoría de los chinos.

Por ejemplo, el acceso a la vivienda propia sólo se reserva a la parte más rica de la población que, además, concentra la gran mayoría de los recursos desde la apertura de la economía, que se inició en 1978.
En general, el humor social parece mostrar que todo va para mejor, a pesar de la polución o las transferencias ilegales de tierras.

Por lo tanto, bien se puede concluir que la aplicación de planes expansivos en tiempo de crisis redunda claramente en beneficio de la mayor parte de la población china. Tal vez a otras naciones en crisis les convendría entenderlo a la hora de formular sus políticas económicas.

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