PORTUGAL NECESITA RECORRER OTROS CAMINOS

La incertidumbre reina en la sociedad portuguesa.

Durante las últimas décadas Portugal fue un invitado poco frecuente al día a día de los mercados y las Bolsas globales. Pero infortunadamente, y desde hace meses, ese país se encuentra habitualmente en los titulares de los diarios por sus tribulaciones financieras y económicas. Y una prueba de ello es que los rendimientos de la deuda soberana tocaron el 17% a principios de este año. Ello coloca a los lusitanos, junto a españoles, como el próximo problema a resolver por los políticos de la Unión Europea. Mientras tanto el gobierno termina de definir la implementación de las reformas para flexibilizar el mercado laboral de acuerdo, sin dudas, con las demandas de la troika que gerencia Europa formada por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional. Entonces esas disposiciones completan un corpus tecnocrático de decisiones impopulares que son un caldo de cultivo para el descontento ciudadano. Y según la opinión e distintos analistas esos cambios en las reglas de juego cuentan con el soporte de los partidos políticos mayoritarios, que concentran dos tercios de los votos en las elecciones. Es más, algunos sectores de la izquierda aceptarían también el plan de ajuste al decir que “necesitamos pagar la deuda, pero los plazos y las tasas de interés que se demandan son poco realistas”. Sin embargo esa declamada unidad de criterios del arco político será severamente puesta a prueba de aquí a poco, toda vez que los recortes a los planes de ayuda y expansión fiscal llevarán a que el Producto Bruto Interno portugués se contraiga 3%, o tal vez más, durante el corriente año. (A título de comparación digamos que si tal ajuste recesivo ocurriera en nuestro país implicaría una caída en la generación de riqueza cercana a los 14.000 millones de pesos). Y ese será el resultado en Portugal de la sumatoria correspondiente a los recortes de gastos en el sector público cercanos al 20%, y las consecuentes reducciones de salarios. Por cierto el desempleo, según estadísticas oficiales, llegó al 14% durante el año pasado y probablemente ese porcentaje se eleve aún más. Claro que, en teoría, la economía portuguesa se robustecería a futuro por el aumento de las exportaciones. Y el gobierno, además, podría volver a buscar financiamiento razonable en el mercado a mediados del año 2013. Pero tales expectativas resultan difíciles de fundamentar porque el principal comprador de productos de Portugal es España, que quizás quiera seguir con la compra de productos pero difícilmente tenga con que pagar sus adquisiciones. Por ello algunos especialistas arriesgan que el PBI lusitano se enfrenta a tres años de contracción, por lo cual Portugal necesitará un segundo salvataje de la UE simplemente para pagar sus cuentas más urgentes. Porque la crisis del euro les llegó luego de diez malos años en los cuales la economía del país europeo creció apenas a ritmo de 0,2% anual. Y eso se debió en parte a que China y naciones de Europa del Este comenzaron a competir a principios de siglo con las mayores exportaciones portuguesas basadas en el calzado y los productos textiles. Por lo tanto la mano de obra y muchos capitales se mudaron hacia actividades como la construcción, obras del sector público, salud y servicios profesionales. Como ejemplo digamos que la cantidad de abogados creció un 48% durante los últimos 10 años. Entonces el nivel de vida en la sociedad portuguesa lo soportaron los créditos brindados por el sector público y privado tanto como por el dinero proveniente de la Unión Europea. Pero con la crisis de la alianza todo ello se vino abajo. Por lo tanto las necesidades de reformas económicas y reorientación estratégica de la producción encuentran al país sin la posibilidad de financiar tales cambios con créditos internacionales de fomento y desarrollo a diferencia de otros momentos de su historia reciente. Y otras escenas completan una película ya vista en las crisis de otros socios europeos. Así que al menos el 10% de los graduados universitarios carecen de trabajo en Portugal por lo cual, más que la habitual exportación de mano de obra barata de los países pobres, hoy los emigrantes poseen instrucción superior. Por tanto los teóricos del ajuste opinan que las reformas que necesita el país implican apartarse de los beneficios que tuvieron los portugueses desde el derrocamiento de Salazar hace 38 años. Y según dichos puntos de vista se debería derribar, entre otras normas, la protección por antigüedad laboral para permitir el ingreso de franjas más jóvenes de la sociedad a la producción. En otras palabras facilitar los despidos para motivar a las empresas a tomar personal, lo cual suena demasiado a los famosos “contratos basura”. Entonces avanza a marcha rápida la reforma que permitirá tomar, por ejemplo, un nuevo empleado público cada dos que se retiren. Más aún. Los bajos salarios en parte se compensaron durante años por una suerte de congelamiento en los precios de los alquileres, situación que ahora también estaría próxima a su fin. Debido a todos los recortes de gastos y posible desaparición de beneficios sociales y estabilidad laboral parece claro que la sociedad portuguesa se encamina a momentos de, aún, mayor incertidumbre que la actual. En realidad el cuadro descrito se repite en gran parte de Europa, por lo cual el impacto político futuro es todavía impredecible. ¿Será un indicio del porvenir europeo que el discurso de la candidata a presidenta de Francia, Marine Le Pen, atraiga a tantos jóvenes de su país?

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