IMPARABLE, BRASIL SE ENCAMINA A SER UNA POTENCIA PETROLERA

por Gabriel Holand

A diferencia de lo que ocurre en los mercados maduros, cuyo destino en el 2012 invita a contener la respiración, América latina luce económicamente bien y hasta hoy logró sostener su ritmo de producción y consumo.

En ese entorno, Brasil, líder del crecimiento regional y hoy sexta economía del mundo, festeja la puesta en marcha de su proyecto industrial más importante de las últimas décadas.

Nos referimos a la futura explotación del petróleo que se halló bajo las costas del océano Atlántico que, según los líderes políticos brasileños, llevará al país a ocupar un lugar de preeminencia entre las potencias petroleras a fines de la presente década.

Por lo tanto, si se cumple el ambicioso plan que anunció Petrobras, la empresa petrolera de Brasil, para el 2020 bombeará 5 millones de barriles diarios de petróleo, y de esa manera se convertiría en uno de los cinco mayores productores del mundo.

Las primeras estimaciones de reservas de crudo detectadas frente a las costas de Río de Janeiro hablan de un potencial de 50.000 millones de barriles, casi el mismo reservorio que contienen los gigantescos yacimientos del Mar del Norte.

Así que todos en el país hermano se preparan para gastar los ingresos que produciría el manantial de oro negro descubierto.

Y la presidenta Dilma Rousseff, fiel a su política de redistribuir el ingreso nacional, quiere transformar esos petrodólares en mayores recursos para educación, salud pública, infraestructura industrial y de servicios.

¿O mais grande do mundo? Rousseff sueña con poner en marcha una empresa nacional responsable de liderar la actividad petrolera brasileña frente al mundo, y que sea capaz de competir a la par de los grandes jugadores globales en la materia.

Se entiende que el concepto sería robustecer una empresa de bandera, más que una corporación solo privada.

Pero la bonanza también trae riesgos que en el caso de Brasil, según dicen algunos analistas, bien podrían asociarse a cierta tendencia al derroche de recursos y la existencia de algunos bolsones de corrupción que, se recordará, ocasionaron la renuncia de funcionarios gubernamentales durante el 2011.

Y por ello, preocupa a ciertos sectores cercanos al Palacio de Planalto que actualmente se debate más cómo se gastarán los recursos que supuestamente se obtendrán de las reservas antes que asegurar el proyecto industrial con elk que podrán obtenerlas.

Por esa razón, expertos brasileños de la industria prefieren diseñar los mecanismos posibles para extraer el crudo y evaluar el costo de tal empresa y, recién después, gastar a cuenta.

Por otra parte, hay quienes alertan contra una futura explotación desmesurada de los yacimientos, en pos de cubrir necesidades presupuestarias oficiales.

Dicho de otra manera, muchos quisieran extraer sólo el petróleo necesario para proveer acotados recursos a la sociedad brasileña y exportar una parte, mientras otros prefieren pensar cómo gastar de inmediato todo el dinero que se obtenga.

Y, seguramente, también convendría dejar en el mar suficiente combustible como reserva de recursos financieros para futuras crisis o recesión económica interna. Es decir, como si fuera una caja de ahorros, pero de combustible en vez de reales.

Sin embargo, y al margen de las especulaciones que pueden escucharse en las empresas petroleras con sede en San Pablo, la mayoría descuenta que será económicamente conveniente y técnicamente posible extraer el petróleo de las nuevas reservas oceánicas.

De todas formas, algunos expertos del sector energético más prudentes, o pesimistas según se lo vea, piensan que la factibilidad industrial y financiera del proyecto aún tiene zonas grises. Y concluyen que, por ahora, existen más riesgos que oportunidades en este desarrollo que hace soñar a nuestros vecinos. Por ejemplo, falta entender cómo extraer el combustible de las rocosas entrañas oceánicas, antes que empezar a gastar a cuenta.

Mientras tanto, el gobierno brasileño diseñó una estructura legal tal que se proteja la potencial riqueza pero, a la vez, se logre mantener la zanahoria que aliente la llegada de capitales privados necesarios para financiar el megaemprendimiento.

Por lo tanto, se creó una compañía oficial para coordinar la explotación del petróleo submarino, que se llama Pre-Sal Petróleo.

Y esa nueva empresa estatal hace las veces de tesorero del proyecto. Es decir que su función será también administrar los recursos económicos que se obtengan del nuevo yacimiento.

Los privados tendrán menor riesgo, pero también beneficios más acotados.

Y la racionalidad de asignar al Estado la parte del león resulta clara: todo el mundo sabe dónde está el petróleo. Así que los riesgos de invertir dinero en exploración sin que se obtengan retornos posteriores resulta menor que otros emprendimientos de la industria.

Igual, vale aclarar que una cosa fue detectar el yacimiento y otra, muy distinta, será obtener sus frutos. Porque el preciado oro negro se encuentra en la profundidad del mar y a 300 kilómetros de la costa, escondido en rocas y salitre.

Por lo tanto, el costo de la explotación en los nuevos campos (marinos) de petróleo requerirá una inversión total cercana a los u$s45.000 millones. Y ese monto representa, como ejemplo de magnitud, casi el 25% del valor total de la compañía Petrobras en el mercado.

Aun así, el bocado es apetitoso aunque la inversión resulta demasiado grande y rápida, tanto para las empresas como para el poderoso Estado brasileño.

Porque también representa una gran oportunidad de negocio para toda la industria local, ya que el gobierno de Dilma decidió que la mayoría de los insumo que se utilicen deben provenir de empresas nacionales. Además, Petrobras tiene muy “buen nombre” en el mercado y es líder mundial en la explotación de petróleo en zonas marítimas.

Así que las expectativas son, en su mayoría, positivas en relación con el futuro inmediato de la industria brasileña vinculada al petróleo.

Tal vez nuestros vecinos estén camino a convertirse en la Noruega de América. Da un poco de –sana– envidia, ¿verdad?

Publicado en Diario BAE

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