¿QUÉ PASARÁ CON EL DÓLAR TRAS LA LLEGADA DE TRUMP?

por Gabriel Holand

Antes de una decisión, convendría no asumir algunos supuestos.

El próximo cambio de presidente y de políticas en EE.UU. generó ya un fuerte impacto en la economía y las finanzas globales. Desde que Donald Trump fue elegido, el ingreso de capitales a su país creció considerablemente, lo cual revitalizó la cotización del dólar llevándolo a su valor relativo más fuerte desde 2003, medido contra las principales divisas globales. Y en línea con lo anterior, los inversores vendieron sus tenencias de deuda soberana-conservadora para invertir con mayor riesgo y expectativas de ganancias en la bolsa americana.

Estos acontecimientos de corto plazo pueden ser tomados como un síntoma de confianza en las políticas que promete aplicar el próximo titular de la Casa Blanca, que llevaría a su país a la ruta del crecimiento económico y, por lo tanto, a la fortaleza de la divisa. Sin embargo, conviene no confundir y tratar de entender cuál es la probabilidad de que las expectativas se traduzcan en realidades.

Las políticas anunciadas por Trump son una amenaza al atributo de ser moneda de atesoramiento que tiene el dólar, dadas las expectativas de reducir los impuestos y elevar el gasto y la inversión en la alicaída infraestructura norteamericana. Todo ello puede generar crecimiento en el corto plazo y, atento las necesidades de financiación para las obras, la inevitable suba en las tasas de interés en un mundo que, ávido de mejores retornos financieros, ve a Wall Street como la mejor forma de participar en semejante despegue. Eso elevó la demanda de dólares para invertir en dichos activos.

Pero ante las promesas de gasto y proteccionismo, el dólar puede debilitarse por mayor emisión monetaria y menor credibilidad. Así, inversores y bancos centrales se verían obligados a buscar mejores alternativas para atesorar.

Otra idea sugerida fue recomprar parte de la deuda externa con descuento sobre el capital, o renegociar plazos, lo cual implicaría mayores costos de endeudamiento y desconfianza en el país como buen pagador, algo hasta ahora poco discutido. A la vez, el pensamiento de reducir importaciones y cancelar acuerdos sugiere cierto control de capitales, lo cual también resultaría algo novedoso y perjudicial. Todo lo anterior se contradice con los planes de crecimiento anunciados, para los cuales se requiere asistencia financiera adicional, a lo cual no ayuda debilitar la confianza.

Cuánto de todo esto se cumplirá y qué pensamientos quedarán sólo en palabras, es algo que está por verse. Mientras tanto, distintos rivales del país del norte, como China, van paulatinamente fortaleciendo su presencia financiera global dando créditos comerciales y para obras de infraestructura en yuanes.

Para tomar decisiones de inversión y endeudamiento, convendría no asumir de plano que la gestión Trump beneficiará la economía y al dólar a mediano plazo. Más bien, si cumple los anuncios de campaña, la divisa norteamericana perderá preponderancia a manos de los nuevos y grandes jugadores globales.

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