¿CUÁNTO VALE EL DÓLAR?

Antes de comenzar quiero aclarar que el lector de esta columna encontrará en ella algunos comentarios tanto como preguntas y respuestas que parecen, casi, obvios.

Pero ciertas cosas pasan a ser obvias- suceso o hecho que está a la vista- una vez que se dice y desmenuza su contenido.

Así que, de la mano de algunas “obviedades” analizaremos en lenguaje fácil, de la calle diría, qué sucede durante las últimas horas en el mercado cambiario argentino y, por cierto, trataremos de entender qué cosas probablemente sucedan de aquí a poco.

En ese sentido mejor responder la pregunta que encabeza el artículo y digo: el billete verde vale lo que los demandantes estén dispuestos a pagar por él, aquí y en cualquier parte del planeta. Y ello, desde el origen de los tiempos o Breton Woods al menos, por más regulaciones, teorías o medidas que se instrumenten para controlar su precio.

Y en ese sentido tal vez convenga recordar alguna enseñanza de la llamada Ley Seca en EEUU durante los años 30. Entonces sucedió que la prohibición de consumir alcohol incrementó la demanda y el precio de las bebidas, dejando las de mejor calidad a disposición de quienes pudieran pagarlas.

Ni que decir con el billete verde, ilegal, cuya cotización es profusamente divulgada y parece se puede comprar con relativa facilidad en algunos centros urbanos que son precisamente formadores de  opinión pública lo cual, y por ello, relativiza lo punible del hecho, sobre todo para nuestra viveza criolla.

Por otro lado la divisa americana tiene algunos atributos que la vuelven especialmente adictiva:

1)    Globalmente, y en nuestro país aun con más fuerza, es vista como refugio ante inestabilidad o riesgos de quebrantos económicos.

Podemos recordar en ese sentido que durante la crisis del año 2008 EEUU peleaba por la supervivencia mientras el resto del mundo… ¡compraba moneda y bonos de ese país para refugiarse de la crisis que el mismo deudor originó!

2)    Por otro lado “el verde” es una mercadería escasa simplemente, o no tanto, porque hay poco stock y muchas personas/empresas que lo desean para atesorarlo o consumir con él.

Por supuesto que en viajes y compras por Internet. Pero también para pagar insumos importados de los cuales se nutre fuertemente la industria de ensamble tecnológico, entre otras.

3)    En general el acceso al billete oficial es restringido para el gran público y la prohibición se sabe, le da aún más condimento.

Pero, sobre todo, el billete verde suele funcionar entre nosotros como un poderoso ansiolítico ante la incertidumbre tanto como protector de la inflación y otras tantas cosas.

Y eso aún  desde antes que a un ministro de economía argentino del siglo pasado se le ocurriera decir “el que apuesta al dólar pierde” en el año 1998, antes de revaluar la divisa estadounidense frente al peso en 30%.

O  el más cercano “El que depositó pesos, recibirá pesos. El que depositó dólares, recibirá dólares” de Eduardo Duhalde en 2002.

Así que un pensamiento que tiene amplia aceptación  en algunos sectores -más que aquellos que se animan a reconocerlo quizás- dice desde hace años que más vale comprar “verdes” o algo que se le parezca hoy, porque mañana, dicen, puede estar más caro.

4)    Igual sensación tienen los importadores, aunque otra rentabilidad también, que van por el mercado oficial y que quieren cancelar cuanto antes sus obligaciones al ver que el ritmo devaluatorio del gobierno se acelera en los últimos tiempos.

Por otro lado, y tal vez sea una excepción, un par de zapatillas de “afamada marca” que cuesta USS120 en otro país del continente, aquí se cotiza a 1200 pesos. Es decir: se importan a dólar oficial y se vende con la referencia del dólar paralelo.

5)    Y los exportadores por su lado dicen: para qué liquidar hoy si parece que en un tiempo el valor de la divisa estará más alto.

6)    Mientras tanto algunos se esfuerzan en sostener  que “cepo no hay”. Pero muchos argentinos tozudos y sicoanalizados interpretan que si algo se niega tanto es, justamente, porque existe.

El aumento del precio de un bien escaso

Y en medio de esta ensalada se eleva el precio del “dólar tarjeta o viaje” lo cual, más allá de cualquier interpretación, implica claramente encarecer el precio de un bien escaso (billete oficial). Por tanto el valor del bien sustituto disponible, el dólar blue, se dispara nuevamente en respuesta al “ABC” básico de los libros de texto que hablan de Macroeconomía.

Sin embargo ese empinamiento en la cotización (de 9,10 a 9,60 en dos días)  es una de las reacciones, válida por lo menos hasta hoy viernes 06 de diciembre, que seguramente calculan quienes pergeñan el desdoblamiento “sui generis”.

¿Y porque lo hacen entonces?

Tal vez debido a que, al menos a corto plazo, es la única alternativa que ven para cortar la pérdida de reservas y la venta de títulos dolarizados o billetes en forma incesante por parte tanto de la banca oficial como algunas entidades privadas para achicar el agujero.

Pero si el drenaje viene desde mucho antes que el día 2 de diciembre ¿porque se omitió implementar el recargo del 35% antes?

Buena pregunta que, se intuye, quedará sin respuesta.

Mejor interrogante  ¿servirá ahora -más vale tarde- para achicar la sangría?  Por el momento más bien parece lo contrario.

¿Es un ganar tiempo?

Ojala en los próximos días se anuncie un plan para achicar la inflación y poner en caja algunos gastos del presupuesto y, con dichas certidumbre, se aquieten las expectativas negativas.

Porque puede decirse con razón que algunos operadores hacen su negocio con estos vaivenes del mercado cambiario pero, también es cierto, se le da “pasto a las fieras” a manos llenas.

Por otro lado se habla acerca de obtener préstamos del exterior para reforzar las arcas del BCRA y se menciona a la banca oficial de Rusia y/o China como proveedores.

Seguramente son bienvenidos, aunque sus condiciones responden también a las leyes del mercado capitalista que integran.  ¿O bajo qué parámetros se cree que, por ejemplo, Beijing financia hoy el déficit fiscal de EEUU en casi 3 trillones de dólares? ¿Y Rusia a algunas ex-repúblicas soviéticas?

De todas maneras si el objetivo es apilar más billetes en el rubro reservas de nuestro país -bien por ello-, las facilidades crediticias que se espera obtener deberán ser de libre disponibilidad o, en otras palabras, que se pueda gastar en lo que creamos necesario.

Porque si lo que se obtuviera fueran líneas de créditos para inversiones, por ejemplo dirigidas a Vaca Muerta, la moneda extranjera sólo estaría en poder de nuestra autoridad monetaria un ratito y volvería  a salir, al menos en gran parte, a fin de pagar por la tecnología necesaria para desarrollar el shale gas/petróleo que se obtiene sobre todo en el extranjero.

En fin, así las cosas,  en nuestro país podemos hacer muchas cosas salvo aburrirnos. Y las próximas semanas, al menos en la economía, parece que ratificarán esa premisa.

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