LAS POSIBILIDADES DE RESCATE PARA BANCOS Y GOBIERNOS EUROPEOS SUMAN UN NUEVO FRACASO

por Gabriel Holand

Para muchos la cuestión parecía bastante simple.

Se trataba que el Banco Central Europeo liberara fondos hacia los bancos privados para que estos compraran bonos de los países de la alianza en problemas.

Y así quedarían todos contentos. Porque el BCE se mantendría fiel a sus principios, que lo inhiben de constituirse en “banquero de última instancia”, las entidades privadas tendrían liquidez y los gobiernos sedientos de efectivo recibirían algún flujo de fondos para calmar sus necesidades más urgentes.

Al menos eso es lo que dejó traslucir en algún momento el presidente francés Sarkozy, al sostener que cada país “se arreglaría con sus propios bancos que tendrían suficiente dinero a su disposición” con el fin de refinanciar las deudas soberanas en problemas.

Pero los hechos, una vez más, difirieron de las palabras.

Porque, a poco del discurso del mandatario galo, en el cual sugirió a los bancos ayudar a los gobiernos en problemas, la Autoridad Bancaria Europea (EBA, en inglés) dio a conocer los resultados actualizados del “stress test” que midió la salud de las entidades financieras del Viejo Continente.

Y las conclusiones de tal medición difícilmente podrían resultar más desalentadoras, porque mostraron que los bancos europeos necesitaban 115.000 millones de euros de capital adicional, solamente para sostener la caída en el valor de los bonos soberanos que mantenían en sus carteras.

Así que, más que ayudar a los países “periféricos”, la banca requiere en primer término auxiliarse a sí misma con fondos frescos.

Por cierto que las empresas financieras más urgidas de dinero resultan las españolas, griegas e italianas. Y varias de ellas necesitan, según el análisis, tapar los quebrantos que les ocasionan las deudas de sus propios gobiernos.

Y la pregunta se enuncia de inmediato: ¿quién salvaría, entonces, a los salvadores?

Por ejemplo el mayor banco de Italia – Unicredit- tiene en sus libros cuarenta mil millones de euros en créditos que otorgó al gobierno nacional. Por lo tanto necesita al menos 8 .000 millones de euros de nuevos capitales. Y los españoles, para atender problemas similares requieren 26 billones de euros.

Además los bancos alemanes, aunque su gobierno tiene espaldas anchas, también se encuentran a la espera del aporte de nuevos y genuinos recursos. Solamente para asistir al Commerzbank, la segunda entidad del país, el gobierno de Ángela Merkel desembolsó ya 5.300 millones de euros.

Así mismo, hasta hace pocos meses atrás, los bancos de los países periféricos de Europa (léase pobres y endeudados, como Hungría, Portugal, Grecia o Letonia) se mostraron muy dispuestos a comprar la devaluada deuda de sus gobiernos.

Y eso porque creían que estaban todos en el mismo barco, por lo tanto el salvataje que le llegara a la nación también alcanzaría a los bancos. Así que ellos harían el negocio y otro los ayudaría a evitar la quiebra.

Pero los financistas se equivocaron, porque el dinero que resultó insuficiente, el precio de la deuda siguió en caída libre y, por lo tanto, debieron pagar tasas astronómicas para conseguir algunos fondos en el mercado.

Por otro históricamente las autoridades de la UE permitieron a los bancos valuar las tenencias de bonos insolventes a un precio que surge de una fórmula alquimista y, de esa manera, evitaran reflejar en los libros las abruptas bajas que señalan las reales cotizaciones de esos títulos en el mercado.

Para decirlo de otra manera, la banca europea mostró en sus balances, desde el inicio de la crisis, activos financieros a valores mucho mayores que los reales porque tenía la venia oficial para hacerlo. Pero ahora, al agravarse la situación y acentuarse la campaña “moralizadora” de algunos sectores políticos, los banqueros “pobres” temen se los obligue a reconocer las pérdidas reales en momentos en los cuales carecen de los recursos dinerarios para enfrentarlas.

Por otro lado los banqueros ricos” tienen muy poca motivación para ayudar a las economías con alto endeudamiento, porque ya bastantes pérdidas de ese origen tendrán que castigar. Y evitar meterse en nuevos problemas es para ellos un problema de supervivencia.

Además, desde el punto de vista del negocio, sería mejor guardar algunos dineros para comprar acciones de empresas públicas a privatizarse en Grecia o Italia, que seguramente cotizarán a precios de remate.

¿Nuevamente a escena el Fondo Monetario Internacional?

Entonces, y en una nueva pelea por salvar al euro, se especula últimamente que los bancos centrales podrían canalizar fondos hacia el FMI para que este los derive a los países con dificultades a fin de que paguen sus vencimientos. Es decir que el Fondo Monetario Internacional pondría la cara como prestamista y repartiría el dinero provisto por los bancos centrales más poderosos y el BCE.

De esa manera el Banco Central Europeo, cuyos estatutos le impiden prestar dinero a gobiernos que son miembros de él, conservaría la imagen. Y los demás banqueros centrales que aporten efectivo también, porque podrían alegar que lo hacen bajo la anuencia y mano draconiana del FMI.

Y todo ese montaje con el principio de evitar la quiebra generalizada de distintas naciones, lo cual sería mucho más caro de resolver.

Así que, con esa premisa, el organismo que dirige Christine Lagarde hizo sus cuentas y concluyó que los USS390 billones que tiene en caja serían insuficientes para la empresa por acometer. Conviene recordar que solamente Italia y España podrían necesitar asistencia por 462 billones de euros durante el corriente año.

Entonces los del Fondo pensaron en pedir otros USS200 billones a los países ricos de Europa y una suma similar a los Emergentes más poderosos.

Por esa razón últimamente ese organismo salió al mercado a buscar USS500 billones en fondos frescos. Claro que, en principio, ya existiría un guiño de los bancos centrales para proveérselos.

Pero la maniobra potencia los riesgos.

Sin embargo existen algunos detalles gruesos, a tener en cuenta, y que anticipan futuros desaguisados.

Porque el Fondo ya tiene más del 50% de su cartera crediticia expuesta en Europa, y los nuevos créditos que daría aumentarían esa proporción.

Además a los banqueros e inversores les resulta más conveniente que el ECB recompre los bonos insolventes antes que el Fondo refinancie dichas deudas.

Porque si el Banco Central Europeo adquiere deuda tóxica en los hechos se hace cargo del riesgo de incobrabilidad, mientras que los acreedores hacen “plin” caja.

Por el contrario el FMI es acreedor privilegiado de los créditos que otorgue, lo cual implica que en caso de default cobra en primer lugar. Por tanto cuanto más dinero preste a los países en problemas mayor riesgo relativo asumen los financistas privados.

En conclusión un rescate del FMI puede empeorar los balances de las entidades e inversores privados, antes que producir una mejora. De hecho Grecia y Portugal, por ejemplo, ya cuentan con planes de ayuda del organismo internacional y, sin embargo, su acceso al mercado de capitales es casi nulo.

Lo cual, por otro lado, poco favor le hace a la imagen de la organización crediticia, porque se demuestra que su aval es insuficiente para generar confianza en los inversores.

Y tampoco se verían muy favorecidos los deudores-caso Italia o España- que al aceptar la “ayuda” se verían forzados a tolerar la supervisión fiscal del Fondo, que ya demostró su ineficiencia en reiteradas oportunidades.

Así que la nueva iniciativa en curso tiene amplias posibilidades de terminar en la nada o, peor aún, aumentar el escepticismo existente acerca de la suerte de la Eurozona.

Publicado en Diario BAE

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