¿QUÉ HACER EN EUROPA?

Si Europa quiere resolver la crisis tiene que atacar tres problemas urgentes.

Ya a esta altura de los acontecimientos quedan pocas dudas que atender los problemas de las familias europeas en relación a la falta de trabajo, tanto como a la caída del ingreso, es algo que, guste o no, dejó de ser una prioridad para los dirigentes de la ue, al menos en el corto plazo.

Tres problemas a resolver.

Así que, en lo inmediato, existen algunos puntos que atacar de inmediato para impedir el desmoronamiento total de  la economía europea, de lo cual se tardaría bastante en volver.

Una cuestión central pasa por la salud del sistema financiero que, administrado en forma correcta, debe servir como agente transmisor de fondos para el desarrollo de la actividad económica.

Pero sucede que la mayoría de las entidades de la ue se encuentran  masivamente en estado de insolvencia, porque tienen el equivalente a  30 veces su capital invertido en deudas soberanas que tendrán serias dificultades para repagarse.

Por lo tanto si los bancos tuvieran que valuar sus carteras crediticias a valor de mercado, en vez del enjuague técnico que hoy les permite la norma, muchos irían a la quiebra de inmediato, en una escala que haría de la crisis del año 2008 simplemente una “muestra gratis” de la realidad actual.

Y, queda claro,  ningún país puede funcionar razonablemente sin un sistema bancario sano y en funcionamiento, con posibilidades de otorgar  créditos productivos.

Por lo tanto, aunque gran parte de las noticias comenten actualmente que las entidades financieras europeas pierden una o dos letras de su calificación crediticia-lo cual es importante desde el punto de vista de los costos de endeudamiento- ese hecho representa apenas el efecto de causas más profundas que por ahora se soslayan.

Porque, conviene decirlo, que algunos bancos son los chicos malos de la actual crisis global.

Pero hay quienes les  permitieron que se hicieran operaciones muy riesgosas, o que terminaran en enormes pérdidas para las economías de los países. y las leyes, sin dudas, están lejos de la potestad de los gerentes y operadores bancarios. a lo sumo hay quienes podrían argumentar de algunas alianzas poco transparentes entre algunos sectores del poder político y las finanzas, pero ese sería tema para otra columna.

Así que, algo concreto, es que sin un flujo de intermediación financiera razonable tampoco existen créditos para la fabricación de bienes y producción de servicios, y entonces la creación de puestos de trabajo y el consumo van pendiente abajo.

Por lo tanto sería hora que algunos estados de Europa asuman buena parte de las pérdidas que registran en su sistema financiero, y traten de volver a los mercados de capitales a fin de conseguir financiación para la producción. algo así como hacer el corte de una vez, en vez de evitar la agonía por goteó.

Y luego repartir internamente, con algún criterio de  equidad, el costo que se asuma.

Es decir, para nada se plantea en esta columna hacer otro salvataje bancario- a “lo bush”- para que todo siga igual y sea el ciudadano el único en cargar con los platos rotos. pero tampoco sirve de nada la catarata de palabras que se gastan en europa que, parecería, solo disimulan y demoran las soluciones necesarias.

Porque, pocas dudas quedan, resulta  improductivo para la mayoría de la población europea seguir con el ajuste de un tornillo una vez que se gastó su rosca, y eso es lo que pasa en las economías de la UE, salvo algunas pocas excepciones.

La abundancia de dinero jamás resuelve los problemas de estructura desde que estalló la crisis de deudas soberanas en la alianza,  año 2009, los dirigentes tratan de manejar los problemas con mayor provisión de liquidez al circuito financiero. en pocas palabras se trata desde entonces, y hasta hoy,  de ganar tiempo, porque la disparidad de criterios entre los gobiernos de la alianza para salir del atolladero, que se inicia con  la caída del consumo global y la consiguiente merma de la producción y el empleo, impide consensuar las mínimas política de auxilio necesarias.

Esa situación global trae problemas de solvencia a los gobiernos y todo ello,  a lo cual hay que sumar  especulación sin límites,  deriva en daños a la  capacidad patrimonial  a los bancos.

En ese sentido vale la comparación con una empresa.

Si en ella bajan las ventas porque los clientes compran menos y, en vez de encararse reformas en los planes de negocios y la asignación de recursos, se piden nuevos créditos para tapar los quebrantos, entonces llegará un momento en que ninguna suma de dinero será suficiente para sostenerse en pié. y eso es lo que sucede en  Europa hace, ya, dos años.

Por lo tanto corresponde, si la relación de fuerzas entre los socios lo permite, atacar dos cuestiones de fondo: el desarrollo desigual de los países de la alianza tanto como el consecuente desbalance en los flujos de comercio internacionales. y eso trae como consecuencia achicar las diferencias de valor entre aquellas mercaderías que compra cada país versus las que vende al exterior pero, por ejemplo ¿se avendrá Alemania a tal cosa? hasta ahora parece imposible.

Porque los alemanes exportan buena parte de su producción a los llamados “países periféricos” de Europa que, por cierto, tienen déficit comercial.

Entonces resulta  irrazonable pedir a estos últimos que reduzcan su endeudamiento público y privado, pero a la vez mantengan su nivel de importaciones sin aumentar sus ventas al exterior, todo junto y  a la vez.

Claro que, si existe un jugador que se lleva la parte de león de las exportaciones, y que además ostenta poder político y financiero superlativo, difícilmente se pueda llegar a un acuerdo más equitativo. a menos que dicha nación fuerte vea peligrar su predominio, precisamente, por la debilidad extrema de sus socios-clientes minoritarios.

Entonces el “presente griego” que recuerda al caballo troyano, y bien podría derribar varias fortalezas europeas modernas, vale como  ejemplo.

Porque Grecia tiene actualmente un déficit comercial cercano al 10% de su PBI.

Y, a menos que detenga la sangría de capitales y gastos por importaciones, jamás puede poner su déficit fiscal bajo control. por lo tanto, más que cortar la ayuda social y aumentar impuestos, se trata de colaborar para que ello  vendan al exterior mayores volúmenes y/o importen menores cantidades de productos de terceros países.

Y eso se logra con la aplicación de algún criterio de inteligencia, superior a la codicia, dentro de la alianza. para permitir que los griegos se des ahoguen  financieramente y tengan suficientes recursos para trabajar y producir. más aún, aunque solo sea con el ánimo que, alguna vez, paguen sus deudas.

¿O será que alguien gana con la imposición del criterio de “tierra arrasada”?

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