A LOS PAÍSES DE LA UNIÓN EUROPEA LES CUESTA LLEGAR A UN ACUERDO

por Gabriel Holand

Para la economía global el mes de agosto trajo fuertes tensiones.
Y el bimestre septiembre – octubre promete un escenario parecido.
Por lo pronto Christine Lagarde, la nueva directora gerente del Fondo Monetario Internacional, adelantó en su último “parte meteorológico” importantes turbulencias para los países desarrollados los cuales, según sus palabras, entraría en una “peligrosa nueva fase”.
Y, aunque se considere que los comentarios de la mencionada funcionaria habitualmente distan de ser positivos, es cierto que el panorama de las mayores economías occidentales podría traer riesgos crecientes en las próximas semanas.
Prueba de ello sería la aseveración del presidente Obama, el jueves pasado, en relación a que EEUU enfrenta una “crisis nacional” por el estancamiento del aparato productivo. Por tanto pidió al Congreso que apruebe rápidamente el plan de creación de empleos propuesto por la Casa Blanca.
El presidente señaló, sin vueltas, que los políticos en Washington deben “detener el circo y realmente hacer algo para ayudar a la economía”.
Mientras tanto en Alemania, fatigado motor de la economía europea, el canciller Ángela Merkel prepara un plan para recapitalizar las entidades financieras alemanas ante el temor que Grecia, al incumplir con los requisitos del plan de rescate, haga default de su deuda soberana.

Merkel propondrá ayudas a la banca y a las aseguradoras de su país, que enfrentarán pérdidas de alrededor del 50% en su exposición a la deuda soberana de Grecia, si el siguiente tramo de ayuda a los helenos quedara trunco.
Por otro lado la realidad indica que el gobierno alemán, quien ya pagó importantes costos internos por la forma en que se manejó en la crisis europea, abrió el paraguas ante la inminencia de un formal “paga dios” griego.
Sin embargo persisten las dudas y a sintonías entre los líderes europeos a los cuales, más allá de las palabras, les cuesta encontrar un camino de salida para los problemas de sus economías.
Y una muestra de dicha falta de criterios unificados sería las diferentes prioridades que tienen los banqueros centrales de los países de la UE, por un lado, y el Fondo Monetario Internacional por el otro.
Los primeros se plantean en primer orden mantener el ritmo de compra de bonos emitidos por los dos países próximos a la luz roja, España e Italia, a fin de evitar mayores bajas de precio de los mismos.
Y también, de paso, adquirir dichos activos financieros a precios de liquidación.
Pero el FMI, que aun con desprestigio recuperó cierto poder de fuego, sostiene que la prioridad sería otra: capitalizar a los bancos de Europa.

Más aún, señala que para ello deben usarse fondos públicos si fuera necesario-mon dieu!-.

Tal acción se parecería a la del Tesoro de EEUU cuando, en el año 2008 y al pico de la crisis sub. prime, inyectó fondos a los bancos privados con el fin de salvarlos del desastre.

Pero la postura de la señora Lagarde desató la ira de varios banqueros europeos, quienes niegan tener capital insuficiente, y atribuyen sus penurias a la dificultad de obtener recursos del mercado financiero internacional que, parecería, desconfía de la solvencia de algunas entidades.

Sin embargo el FMI dobló la apuesta y les recordó que, en realidad, los bancos europeos aún tienen unos USS200 billones de pérdidas que faltan reconocer en los balances, por lo cual sería urgente su recapitalización.
Indudablemente, causa y efecto, ambos problemas están relacionados. Es decir que los inversores se niegan a prestarle fondos a muchos bancos de la eurozona porque temen que la potencial insolvencia de ello les impida recuperar su dinero.
Mientras tanto Jean Claude Trichet, actual presidente del Banco Central Europeo, trata de poner paños fríos a la situación al indicar que el mercado puede confiar en el organismo bajo su dirección, el cual proveerá todos los fondos necesarios para evitar un escenario de desastre.

Sin embargo las necesidades de liquidez de las entidades financieras de la UE podrían alcanzar a USS2.5 trillones y, aunque todos creen en la buena voluntad del señor Trichet, dicho monto parecería exceder las posibilidades de cualquier billetera, por abultada que esta fuera.

También hay quienes se esperanzan en los recursos que provendrían de otro organismo plurinacional de ayuda, el fondo europeo para la estabilidad financiera (EFSF, por sus siglas en inglés).
Vale acotar que el EFSF, formado por los estados socios de la alianza europea, tiene la facultad de emitir bonos con garantía de los mismos.

Pero el dinero del cual dispone parecería demasiado poco de acuerdo a las actuales necesidades.
Y eso debido a que, según su reglamento de conformación, cuenta con “apenas” 440 billones de euros para auxiliara a los países damnificados por la crisis.

Sin embargo debería considerarse que el EFSF ya prestó 200 billones de euros a Grecia y que actualmente invierte unos 22billones de euros semanales en la recompra de bonos soberanos en estado crítico.
Por lo tanto le queda poco hilo (dinero) en el carretel para continuar con sus planes de asistencia.

Así que el retaceo de los prestamistas e inversores a depositar fondos en algunos bancos europeos, que tienen en sus carteras bonos soberanos de dudoso cobro, estaría más que justificado.

Mientras tanto la economía real y sus problemas continúan su curso, aunque los sectores políticos europeos muestran dificultades notorias para hallar vías de solución a las fragilidades comentadas.
Más aún. Quizá ni siquiera una acción “a la americana”, el salvataje oficial sin más vueltas, sería efectiva.
Por que, mientras el gobierno de EEUU trató de mantener con vida un sistema financiero preexistente, los europeos necesitan generar un nuevo esquema de circulación y préstamo de de dinero dentro de la alianza.
Y para ello deberían converger los disímiles intereses e ideas políticas de los socios de la UE.
Pero sin liderazgo político, con objetivos comunitarios, eso será muy difícil.
Y los tecnócratas, por si mismos, jamás podrán hallar las soluciones necesarias.

 

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