La nueva estrategia del gigante asiático para invertir fronteras afuera

por Gabriel Holand

Los recientes movimientos estratégicos hechos por China afectan directamente la vida de otros países, especialmente, los latinoamericanos. Con la instrumentación de los planes “One belt one road” y “Producción Cooperativa Internacional”, el gigante asiático se propone volcar US$ 113.000 millones a inversiones de infraestructura fronteras afuera, alejándose aún más de su tradicional papel exportador de productos de bajo costo.

De allí que el presidente Xi Jinping se comprometiera públicamente a encabezar un nuevo modelo de globalización, construido sobre la “mutua cooperación internacional”.

La pregunta es: ¿qué significa esto en términos de estrategia económica de largo plazo?

En primer lugar, y como resultado de tal despliegue de recursos, nuestro continente recibirá un próximo desembolso de US$ 20.000 millones, el triple de lo recibido históricamente, en concepto de inversión extranjera directa que realizarían empresas privadas asiáticas.

Luego, existe una duda clave atada a este tema, capaz de poner en riesgo las perspectivas más atractivas.

Se trata de la incertidumbre de no saber aún cómo se originarán los fondos para dar cumplimiento a tan ambicioso plan. Porque los inversores temen al mayor endeudamiento empresario, recordando que actualmente la relación entre la deuda nacional y el producto bruto interno excede en China el 220%.

Por supuesto que, a nuestro continente, semejante contingencia lo tiene sin cuidado.

Por un lado, porque verá engrosar la llegada de inversión extranjera directa. Luego, porque confía en el interés de Beijing en profundizar relaciones con esta parte del mundo, tal como lo señaló el documento titulado “Políticas chinas en Latinoamérica y Caribe”, emitido por el Ministerio de Relaciones Exteriores chino en noviembre de 2016.

Sin embargo, existe una situación novedosa y de importancia entre los viejos acuerdos firmados con el Tigre asiático y los nuevos compromisos a refrendarse. Ahora, Pekín pide que los esfuerzos sean cooperativos, es decir, que los empresarios locales también aporten capitales.

En otras palabras: tanto los beneficios como los riesgos deben compartirse en conjunto entre las empresas chinas y los inversores domésticos. Y ello, con el fin de evitar las pasadas experiencias de malos créditos que terminaron en quebrantos para las empresas, inversores y el estado de oriente.

A la vez, con más cautela al elegir focos de inversión, se financian esfuerzos en sectores tales como el transporte, la infraestructura, los caminos, las vías férreas y los puertos, entre otros. Se trata de inversiones en “fierros” y a largo plazo, con asociación a empresas domésticas, y estableciendo además fuertes lazos con la comunidad y los líderes políticos locales para, de esa manera, imbricarse en la sociedad en vez de actuar meramente como proveedor de fondos o tecnología.

Al amparo de ese paraguas estratégico, por ejemplo, se desarrolla el plan chino-brasileño “Investment Partnership Program”, que se propone construir caminos, vías férreas y puertos en el país vecino.

Y con respecto a la Argentina, por su parte, organismos gubernamentales chinos confían en que la política de acercamiento al mundo profundice la confianza en el país y reactive la cooperación.

En México, la alianza con el gigante lleva a desarrollar sectores de telco, energía y transporte, que ayudan a fortalecer al país azteca frente a los shocks que enfrenta bajo la administración del presidente Donald Trump en Estados Unidos.

Sin embargo, estos procesos de inversión tienen otro punto crítico, además del financiero, capaz de hacer fracasar las mejores intenciones. Ocurre que la llegada de dinero se dará solamente bajo un novedoso y estricto modelo de negocios, que garantice el recupero de la inversión y minimice la expansión del crédito entre las empresas locales chinas y sus bancos que, por otra parte, tienen fuerte participación estatal.

Atentos a la deuda

En ese sentido vale recordar que la calificadora Moody’s decidió rebajar un nivel la calidad de la deuda china con vencimiento a largo plazo, atento a que la situación financiera se deteriore de aquí a unos años, debido a la combinación de un endeudamiento en alza y un crecimiento económico en baja, con fuertes quebrantos en las carteras de los créditos bancarios.

Por ello, el gobierno pone como condición, para brindar nuevas facilidades crediticias, que los planes de negocios a financiar internacionalmente luzcan sustentables a largo plazo, con menor grado especulativo y basados en sectores claves de la economía.

También los chinos buscan repartir las plantas de fabricación de sus productos por todo el mundo, y no sólo distribuir aquellos bienes que elaboren fronteras adentro.

Por tanto, quien quiera oír que oiga: ya no se trata de comportarse simplemente como banqueros de inversión, sino de posicionarse como alternativa de poder que tenga influencia en la vida y en la conducta de cada país al cual llegan.

Si esto es bueno o malo para las comunidades locales, se sabrá a la luz de las experiencias que se vayan dando. Y si el gigante asiático esta afiatando su política global para dejar de ser sólo una potencia comercial y convertirse en otro tipo de jugador geopolíticamente hablando, solo el tiempo lo dirá.

El autor es economista y director de HR Global

Publicado en Diario La Nación el 23 de julio de 2017

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